sábado, 12 de mayo de 2007

Segundo hábito: Empiece con un fin en mente

Empiece con un fin en mente

"Un día llegó Alicia a una bifurcación en la carretera y vio un gato de Cheshire en un árbol.
- ¿Qué camino debo tomar? -preguntó.
- ¿Dónde quieres ir?
- No lo sé -respondió Alicia.
- Entonces -dijo el gato-, no importa".

Fragmento de la obra de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.

¿Cómo decidimos hacia donde podemos ir si no sabemos realmente hacia dónde queremos ir?

Es una pregunta sencilla, directa y simple que se puede aplicar a muchas de las decisiones que
tomamos diariamente.

Sino sabemos lo que queremos hacer con nuestras vidas, sino sabemos hacia donde nos dirigimos, sino tenemos ningún objetivo claro en mente:

¿qué estamos haciendo cada día?
¿Hacia dónde vamos?

Este hábito, empiece con un fin en mente, es realmente muy revelador, nos ayuda a analizar qué es lo que realmente queremos hacer, cual es nuestro fin, y nos ayuda a crear un marco de referencia desde el cual vemos todas las cosas.
Teniendo claramente presente ese fin, podemos asegurarnos de que lo que hagamos cualquier día particular no viole los criterios que hemos definido como de importancia suprema, y que cada día contribuya de un modo significativo a la visión que usted tiene de su vida como un todo. Podemos hacer que nuestros actos se basen y se orienten hacia la consecución de ese fin.

2 comentarios:

kenzito dijo...

Estimado Raúl,

Me he saltado el capítulo de la proactividad porque ya hablamos mucho de él, y ahora prefiero centrarme en el segundo capítulo. Es maravilloso poder aprendido muchas cosas. Como digo siempre Raúl, intento pensar y escribir las cosas de la mejor forma posible. No sé si llegamos a profundizar en el capítulo dos. Pero aquí va escrita mi primera parte. Que me suena que ya te he contado alguna vez, porque sigo manteniendo la misma opinión.

He de reconocer que en un primer momento no me gusto hacerme la idea de verme en mi propio funeral. Por un primer momento me volví una persona reactiva, y había olvidado el primer hábito, la proactividad. Reconozco que a mis 21 años, es una situación insólita, conozco alguna persona cercana que por accidente ha fallecido a temprana edad. Me “cuido” bastante en ese sentido, cuando conduzco, cuando salgo por la calle de no meterme en problemas. Aunque no lo creais, las estadísticas dicen que es la edad más vulnerable para morir…está comprendida entre los 18 y los 35 años.

No quiero salirme del tema y quiero centrarme en lo que habla Covey en el libro. Por generalizar, cuando se refiere a qué clase de persona me gustaría que estuviese en el acto funerario, sencillamente no me preocupa. Sé que puede darse el caso de que una persona querida no puede asistir, por los motivos que fuesen, yo ya estaría muerto y simplemente me gustaría que me recordaran por lo que yo les aporté en su vida. Sé que esas palabras serían que yo era una persona con mucha alegría, optimismo, entusiasmo, ingeniosidad, seriedad .

En fin, puede parecer que me lo tenga creído, pero yo soy así y las personas que me conocen, saben como soy. Además, no busco que la gente se quede satisfecha, y ya está; busco algo más, intento que me utilicen como un medio para encontrar apoyo y salir adelante, y no tratando de observar en mí, a alguien como un fin para protegerse. Intento enseñarles que ellos tienen autoconciencia, que no son dependientes de mí, sino que ellos se valen por sí mismos y somos interdependientes, como aprendimos en el primer capítulo.

Es lo que en muchos casos ocurre, y yo es lo que digo a mis amigos. Como me encuentran más extrovertido, pues creen que para mí todo es fácil, sencillo, lógico, porque soy positivo. Pero yo respondo siempre, si creen que he nacido así, si creen que yo nunca he tenido problemas. Entonces, la gente reflexiona y se da cuenta de lo cobardes que han sido, y es así, como las animo a motivarse. Ya que de esta manera, saben valerse por sí mismos. Estas son las cosas que muestro a mis seres queridos, porque ellos me enseñan y yo aprendo con ellos.

Atentamente

Kenzo

Raúl Sánchez dijo...

Estimado Kenzo,

No creo que el tema radique en que tú eres más feliz que los demás ni en que si tú eres más positivo, lo que yo creo es que tú eres más consciente que la mayoría de la personas que te rodean, tú eres más consciente de que tu vida depende única y exclusivamente de tus actos, y tienes claro que quieres que te recuerden como eres: vital, optimista, alegre...

Espero poder contar contigo durante mucho tiempo en mi blog, haces que merzca la pena escribir en él.

Virtualmente suyo,

Raúl Sánchez

PD: Está claro que es duro pensar en que un día moriremos, pero es tan real como que estamos viviendo.