sábado, 21 de julio de 2007

Tercer hábito: Establezca primero lo primero

Primero, lo primero

"Lo que importa más nunca debe estar a merced de lo que importa menos". Goethe

Nosotros somos los responsables de nuestras elecciones, nosotros decidimos cuales son nuestras prioridades y cuales son nuestras opciones seleccionadas.

Nadie puede decir que no tenga libertad para elegir (por lo menos aquí en España), nadie puede decir que no sea dueño de su futuro, por ello ahora es el momento de hablar del tercer hábito, de establezca primero lo primero.

Entonces se me plantean dos preguntas que todos deberíamos hacernos y responder:

1 ¿Qué puedo hacer, que no estiy haciendo ahora y que, si lo hiciera regularmente, representaría una tremenda diferencia positiva en su vida personal?

2 ¿Qué produciría resultados similares en mi vida profesional o en mi empresa?

Está claro que todos nosotros tenemos respuestas diferentes para estas dos preguntas, pero en el fondo de la cuestión, todos sabemos que podemos hacer más, y sobre todo, podemos aprovechar el tiempo del que disponemos mejor.

Por ejemplo, todos sabemos que en el plano físico es muy importante hacer ejercicio de forma regular, todo el mundo quiere tener un mejor físico y una mejor salud, todos queremos vernos mejor frente al espejo, pero al final somos pocos los que vamos al gimnasio cada día, porque la mayoría de la gente da prioridad a otras cosas, ya sea por pereza, por desidia, por desgana, por comodidad, y por una multitud de excusas que seguramente son menos importantes.

Otro ejemplo, en el plano laboral, todos sabemos que preparándonos mejor, estudiando y adquiriendo nuevos conocimientos cada año, progresaremos laboralmente, pero cuantos somos los que nos preparamos para ser un poco mejores cada año que pasa, muy, pero que muy pocos.

Cuando consigues empezar a darle prioridad a las cosas que realmente son importantes para ti, empiezas a sentir una energía y una fuerza interior que te empujan a aprovechar intensamente cada uno de los segundos de tu vida.

sábado, 14 de julio de 2007

Segundo hábito: Empiece con un fin en mente

Cómo redacto y reviso mi enunciado de misión personal

Como personas proactivas, como personas responsables de nuestros destinos, como personas capaces de conseguir lo que nos propongamos en la vida, podemos empezar a dar expresión, a darle contenido a lo que queremos ser y hacer en nuestras vidas. Podemos redactar un enunciado de misión personal, una constitución personal.

Un enunciado de misión personal, no es algo fácil de escribir, no es sólo escribir una serie de frases que nos parecen más o menos correctas sobre nosotros y nuestros deseos. Un enunciado de misión personal requiere una introspección profunda, un análisis cuidadoso, una expresión meditada, y a menudo muchos borradores, hasta llegar a la forma final.

Yo escribo y actualizo mi misión personal en un lugar tranquilo (en la playa, durante mis vacaciones), donde sé que nadie me va a molestar, donde puedo analizar mis deseos reales, donde puedo sentir mis miedos, donde puedo conseguir una introspección que me asegure la total sinceridad de lo que escribo, donde encuentro la perfecta armonía con mi conciencia. Sólo entonces es cuando escribo mi misión personal, ya que mi misión personal contiene las pautas y el camino por donde voy a guiarme durante todo el año siguiente. Busco darle un fin y un sentido a mi vida, en cada uno de mis roles (con mi familia, con mis trabajadores, con mis amigos... ), y para mí, eso es sagrado, es vital. Es un periodo donde alineo mi conducta con mis creencias, es un periodo en el que encuentro un sentido a lo que deseo hacer, y ello me entusiasma.

La visualización: El doctor Charles Garfield ha realizado amplias invetigaciones sobre personas con alto rendimiento en atletismo y en las empresas.
Una de las principales cosas que demostró su investigación fue que casi todos los atletas internacionales y otros sujetos de rendimiento alto son visualizadores. Lo ven, lo sienten, lo experimentan antes de hacerlo realmente. Empiezan con un fin en mente.

sábado, 7 de julio de 2007

Segundo hábito: Empiece con un fin en mente

En el centro

Para escribir un enunciado de la misión personal tenemos que empezar en el centro mismo de nuestro círculo de influencia, llegar a entender ese centro compuesto por nuestros paradigmas más básicos, la lente a través de la cual vemos el mundo.

Tenemos que utilizar nuestra autoconciencia para analizar nuestros valores y nuestra visión, en el centro de nuestro círculo de influencia podemos ver nuestros talentos singulares y en qué área podemos contribuir. Tenemos que analizar lo que realmente nos importa y basarnos en ello para proporcionar contenido a nuestra constitución personal.

Cada uno de nosotros somos únicos y singulares, tenemos potencial para realizar lo que realmente nos planteemos, sólo tenemos que averiguar lo que deseamos y poner todo nuestro potencial en conseguirlo. Teniendo claro que somos diferentes por nuestras características individuales, tenemos que saber que todos nosotros necesitamos una base sólida que nos sirva de seguridad, guía, sabiduría y poder.

La seguridad representa nuestro sentido de valía, nuestra identidad, nuestra base emocional, nuestra autoestima, nuestra fuerza personal básica.

Por guía se entiende la fuente de dirección en la vida. Nuestro marco de referencia interno que nos interpreta lo que sucede fuera.

La sabiduría es nuestra perspectiva de la vida, nuestro sentido de equilibrio. Abarca el juicio, el discernimiento, la comprensión.

El poder es la capacidad o facultad de actuar, la fuerza y la potencia para realizar algo. Es la energía vital para elegir y decidir. Incluye también la capacidad para superar hábitos profundamente enraizados y cultivar otros superiores, más efectivos.

Todos nosotros tenemos estos cuatro factores en el centro de influencia de nuestra vida, cada uno de los cuales puede tener un contenido diferente, ya que somos personas diferentes, pero lo que está claro que lo importante es que estos factores estén basados en principios.

Al centrar nuestra vida en los principios correctos, creamos una base sólida para el desarrollo de los cuatro factores sustentadores de la vida.

Nuestra seguridad proviene entonces de saber que los principios correctos no cambian. Podemos depender de ellos, los principios son verdades profundas, fundamentales, verdades clásicas, denominadores comunes. Los principios no cambian; la comprensión que tenemos de ellos, sí.

La sabiduría y la guía que acompañan a la vida centrada en principios provienen de mapas correctos, del modo en que son realmente, han sido y serán. Podemos tomar nuestras decisiones usando los datos correctos que permitirán una realización posible y significativa.

El poder personal que surge de la vida centrada en principios es el poder de un individuo autoconsciente, inteligente, proactivo, no limitado por las actitudes, conductas y acciones de los demás ni por muchas de las circunstancias e influencias ambientales que coartan a otras personas.

En fin, tenemos que buscar crearnos una báse sólida de toma de decisiones basada en principios que nos dirija y oriente, sabiendo que es una base segura, que nos servirá de guía, que se basa en la sabiduría y que permitirá liberar todo nuestro potencial.

Cuando basamos nuestra vida en principios, vemos las cosas de otro modo. Y como vemos las cosas de otro modo, también pensamos y actuamos de otra manera. Tenemos una alto grado de seguridad, guía, sabiduría y poder, que fluyen de un núcleo sólido y constante; por lo tanto, hemos cimentado una vida altamente proactiva y efectiva.